La Leyenda de Los Sueños - Lolo Morales

November 1, 2007

Solo versos

 

El hombre sólo
ama verdaderamente
a sus criaturas

 La pasión por la verdad
anida ardiente
en el corazón americano.
la verdad en su obra
es la dignidad de su talento.

 El hombre es lo que crea
y su producto es amado por
/ él

El hombre es hijo del amor;
su creación es amada
y en ella se complace.

 Encendido poder, hombre
americano, llevas en ti;
el que te dio Inti
y Quetzalcóalt
para que amaras por siempre
lo creado, tus creaciones.

 Ni la mujer fue hecha de hueso,
ni el hombre hecho de lodo.
ambos brotaron a un tiempo
de la semilla que sembró el sol.

 Villa Fontana 1998

 

Polvo

 

Y el polvo
se hizo carne
en la tierra
deshabitada.

 Lodo enamorado,
ambrosía fatal;
la muerte,
ha sido tu paga.

 Villa Fontana, 1998

 

A César Vallejos

 

Por estrado, a tus pies,
los níveos Andes. Navegante
sideral. Tus alas abres
al viento y la aurora
temblando te recibe.

 Cuídate España
de tus Españas – dijiste
en París – aunque tenías
hambre y frío y estabas
en pleno vuelo hacia el sol.

Villa Fontana 1998 

Poeta americano

 

El ítalo canta
el germano inventa;
pero vos poeta americano
en América naciste,
tu prosa es brillante,
delicioso tu verso,
áurea tu lira.

 Ni con todo el oro
del mundo podrán vencerte.

 Villa Fontana, 1998

 

Poesía Postmoderna

 

¡Oh,
cuánto me ha costado escribir esto!

José Coronel Urtecho

Me siento feliz
como una lombriz
y me voy satisfecho
como un niño de pecho.

 Sepiembre 1998

 

No a la guerra

Filed under: Neoliberaliana

 

Todos los pájaros se han ido
y las flores murieron
y amarillos los prados quedaron.

Silvan las balas
y de amapolas se visten los olivares,
ya no hay palomas en el alero:
Murieron envenenadas.

 Los animales huyen del hombre,
en los cadáveres están las hienas,
el aire es una copa de veneno.
Es la guerra.

 Pueblos en llamas
fuego en el aire
fuego en el mar
fuego en los campos
fuego
llamas
humo
muerte.
Es la guerra.

 Las calles chorreando sangre
en los caminos charcos de sangre
en los campos ríos de sangre
las nubes viajan ensangrentadas
los hombres calman la sed con sangre.

 Sangre
muertos
sangre
Es la guerra.

 Máquinas de matar por todas partes
fusiles
tanques
misiles
bombas
se asesinan los hombres
en el oriente medio,
mientras se fuman un cigarrillo.

 Tiembla la tierra
caen las casas
mueren los hombres
mueren los niños
cadáveres por todas partes.
Es la guerra.

 Viudas a granel
pueblos vacíos
hombres heridos
escombros
llantos
hambre
alaridos
niños perdidos
niños sin padres
Es la guerra.

 Los niños piensan que estamos locos
y que deberían atarnos como a los perros
porque somos peligrosos.

 Los niños no queremos la guerra
los niños nunca haríamos la guerra
porque siempre perdemos en las guerras.

 Los niños queremos mirar las flores,
oír cantar los pájaros en los árboles
ir a la escuela, tener amigos,
jugar tranquilos en el parque.

 Los niños todos si nos dejárais,
llenaríamos el aire de globos y palomas.

 Septiembre 2005

 

Esperanza

 

Sopla el viento sobre el trigo
ningún barco enarbola su bandera
en este mar desmesurado y pardo.

El sendero se pierde por la herida
que abre en el horizonte la cigarra.

 La vida es un suspiro que se toca,
parece ser la sed casi infinita
del brazo que se eleva y no consigue
que las nubes desistan de su oficio,
hasta que el sol se duerma sobre el monte
subrayando con sombras la distancia.

Sin embargo en esta noche,
cuando todo es silencio y se adormece,
el deseo de antaño todavía
en el pecho y en las venas hormiguea.

¡Aún pueden ser ríos nuestros sueños!

Quizá ahora antes que amanezca
tengamos que buscar otro reclamo,
si solo era un despojo o una añagaza
aquel espasmo duro e incisivo
que sacudió el rumor de los pinares.

 Mientras nos quede un pájaro despierto
Mantendremos en pie nuestra bandera.

Marzo 10, del 2003
Lolo Morales

Canto a Nicaragua

A ti mi pequeña, huerto de Diriangén;
a ti, mi pequeña,
la de San Jacinto,
la del Coronel Estrada, donde el invasor
dejó su testa desprendida en el suelo
por el tajo certero de Faustino Salmerón,
el campesino de San Ildefonso.

 A ti, mi pequeñita,
mi campesina humilde,
la ultrajada por el marinero rubio
en las Segovias. Te devolvió
la honra el nacido en Niquinohomo,
el pequeño, el Sandino de
El Ocotal y El Chipote
San Fernando y Santa Clara
Murra y Telpaneca
Santa Rosa y El Mantiado.

 A ti, mi pequeña,
a ti, mi niña morena y bonita
a ti, dulce; a ti, tierna,
quisieran los cóndores llevarte
sobre sus alas enormes.

Para alzarte, para elevarte
hasta la región más alta,
como a la más bella de las
/ diosas

 A ti, pequeña mía, la mejor,
hoy, en tu día, te ofrezco
este poema blanco y azul.
Lo que quiero. Lo que soy.

 Diriamba, Nicaragua 1996






















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