El Muro
Alzó la adiposa mano
el gamonal y al sur
se levantó el muro.
Como las cámaras de Atahualpa,
así tenían que llenarse de oro,
alcohol y putas la suite
presidencial.
Volvió a la patria el derecho
de pernada y la deshonra.
Repartiéronse generosamente
el oro, los tours a Europa
y echaron a suertes el decoro
de la ropa humilde de la mujer
del mandador.
Los carteles del arroz y de la luz
y los dolores del pueblo se propagaron
Todo era un misterio y un esperar
desesperado; en cualquier noche
te puede visitar la policía secreta
o el cobrador de impuestos.
El miserable, ese ya nada tiene
y con un angustioso grito impaciente
espera la presencia de la muerte.
1988
