Chureca
Osamenta de pobres,
libre competencia
entre niños y zopilotes.
Siete hijos flacos
de padres flacos,
tendido en el cayuco,
muertos de cólera
en el lago. Y es
como si los llevara Caronte.
Yo vengo del acantilado
de la muerte, donde el niño
escarba la huesera donde está
la caja de cartón vacía,
del pollo rostizado.
Y pateada y escupida,
azotada y mordida,
así te tienen —ay, Nicaragua—
niña de bronce
niña de oro
niña de mis ojos.
